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Música Clásica y ópera de Classissima

Sergéi Prokófiev

sábado 29 de abril de 2017


Pablo, la música en Siana

22 de abril

Tenso, denso e intenso

Pablo, la música en SianaViernes 21 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, "Orígenes III / Rusia Esencial II", Abono 10 OSPA, Juan Barahona (piano), David Lockington (director). Obras de Lockington, Prokofiev y Beethoven. Tarde de reencuentros en el décimo de abono, el maestro Lockington (1956) que también debutaba como compositor, más el pianista "de casa" Juan Barahona en un programa que he querido titular ya en la propia entrada: tenso, denso e intenso por las obras escuchadas. Ceremonial Fantasy Fanfare (2009) del propio David Lockington la presenta el maestro en OSPATV (que siempre nos prepara para el concierto desde ese canal en las redes a la medida de todos) y resultó ideal para abrir boca y oídos, preparación anímica y técnica con una orquesta exhuberante en los metales, aterciopelada en la madera, tensa en la cuerda y atenta en la percusión. Brevedad también en intensidades y una instrumentación buscando contrastes tímbricos muy del gusto norteamericano, "fanfarria" en el buen sentido que resume parte del equipaje que el británico ha ido llenando tras tantos años en los Estados Unidos, conocedor de los gustos de un público peculiar y mucho más que un apunte sinfónico de este músico integral con el que la OSPA siempre ha dado lo mejor de ella y volvieron a demostrarlo. Ver crecer humana y artísticamente a Juan Andrés Barahona (1989) es uno de los placeres que te dan los años, disfrutar con este joven que vive por y para la música, genética con trabajo apasionado, siempre buscando retos y afrontando repertorios poco trillados pero muy exigentes. El Concierto para piano nº 2 en sol menor, op. 16 (1912-1913) de Sergei Prokofiev es un claro ejemplo, con una escritura rica en timbres donde el piano se suma al color ruso cuando no resulta protagonista absoluto. Densidad sonora, intensidades extremas, búsqueda de texturas, juegos rítmicos en un solista que se encuentra a gusto con este compositor muy especial en sus composiciones, no olvida la tradición y evoluciona con acento propio a lenguajes rompedores que prepararán una revolución en estos albores del siglo XX en todos los terrenos. Cuatro movimientos llenos de recovecos exigentes para solista y orquesta que requieren una concertación perfecta, algo que Lockington hace desde la aparente sencillez y el perfecto entendimiento con todos. Impresionante la búsqueda del color y el control total de las dinámicas, balance de secciones desde una mano izquierda atenta y la batuta precisa. Así de arropado pudo disfrutar Barahona de una interpretación preciosista en sonoridades, tenso en fuerza, denso en la expresión e intenso en entrega desde el Andantino inicial hasta el Finale: Allegro tempestoso, vibrante protagonismo y omnipresencia compartida en sonidos, contundente delicadeza desde una entrega total por parte de todos. Sangre musical de ambos lados del Atlántico nada mejor que Alberto Ginastera y dos propinas de las Tres danzas Argentinas op. 2, primero la "Danza de la Moza Donosa", milonga de concierto en una delicada versión de filigrana y ritmo meloso acariciada más que bailada por los pies que barren más que arrastrarse en el baile, después la furia, el contraste vital, la explosión del guapango con las boleadoras de la "Danza del Gaucho Matrero", potencia y buen gusto aunados en el nacionalismo argentino como complemento al ruso de Prokofiev, dos mundos reunidos por un Barahona maduro que seguirá dándonos muchas alegrías. En las temporadas orquestales no puede faltar una sinfonía de Beethoven, y a ser posible "La cuarta" que no es frecuente programarla en parte por estar "engullida" entre dos inmensidades. Pero la Sinfonía nº 4 en si bemol mayor, op. 60 (1806) podríamos disfrutarla más a menudo, clásica por herencia, rompedora por el Scherzo, sello propio que ya destila desde la oscuridad del Adagio inicial antes de atacar el Allegro vivace, y sobre todo verdadera prueba de fuego para los músicos. Lockington apostó por la intensidad y los tiempos contrastados sabedor que la OSPA responde, dejándola escucharse bajando los brazos, marcando lo justo y necesario, matices subyugantes y silencios saboreados. Cierto que no hubo toda la limpieza deseada en las cuerdas graves para ese final vertiginoso o que por momentos faltó algo de precisión entre las secciones para encajar milimétricamente las caídas, pero la interpretación alcanzó momentos de belleza únicos, especialmente en el clarinete que evocaba al mejor Mozart, pero sobre todo la sensación de homogeneidad en un color orquestal muy bien trabajado. Me quedo con el Scherzo - Allegro vivace por lo que supuso de feliz entendimiento entre Lockington y la OSPA, siempre un placer estos reencuentros desde esta "cuarta" no tan escuchada como deberíamos ni por el público ideal que este viernes no acudió como quisiéramos al Auditorio.

Ya nos queda un día menos

25 de marzo

Mis favoritos musicales (II): óperas

Comencé en agosto una serie sobre "mis favoritos musicales" que por fin tengo la oportunidad de continuar. Y lo hago con mis títulos de ópera preferidos. Pero antes debo realizar una seria advertencia. Esta no es una serie sobre "los mejores" sino, como dije antes, "mis favoritos". Que un nombre no aparezca en la lista no significa necesariamente que lo considere como menor o como sobrevalorado, y el que sí lo haga tampoco implica que lo considere por encima de otros que no lo hace. No pretendo elaborar una lista de nombres para la eternidad: simplemente pretendo retratarme en mis gustos para que los lectores sepan a qué atenerse. Y dicho esto, vamos a por las óperas. Verdi y Wagner. Wagner y Verdi. Eso lo tengo muy claro. A mí son los que más me entusiasman, y seguro que a la gran mayoría de melómanos también. Puestos a escoger, ahí sí que puedo resultar un poco peculiar: Parsifal y Falstaff son mis títulos operísticos preferidos de todos los tiempos. Los últimos de sus autores. También los más particulares. Digamos que los más esenciales. El primero,  una comedia de desbordante ingenio musical sobre un libreto extraordinario, que por momentos se burla de las óperas tradicionales al tiempo que despliega las melodías más exquisitas. Un perfecto mecanismo de relojería. Y una en absoluto inocente reflexión sobre la condición humana que esconde bajo sus pliegues un poso de amargor. El segundo, una disgresión pseudo-religiosa que en cada compás de música niega lo que dice el libreto. Es decir, un monumento al erotismo y a la carnalidad que figne ser justamente lo contrario. Y de nuevo una tremenda meditación sobre el sufrimiento y la culpa, como también sobre la necesidad de asumir cuerpo y espíritu como partes indisolubles de la condición humana. Pero no me quedo ahí en estos dos autores, claro. Rigoletto, Traviata y Trovatore –sí, también esta última– me parecen verdaderas maravillas que reverdecen tras cada nueva audición. Y el Holandés. Y el Anillo. Y Tristán. Dicen que Puccini es un pasteloso. Y lo dicen personajes muy sabios. Me importa un bledo: adoro sus óperas. Tosca sobre todo, de nuevo un mecanismo escénico calculado al milímetro que sin renunciar a la exhibición de la voz pone toda la música al servicio del drama. Bohème me hace saltar las lagrimas pese a sus irregularidades. De Butterfly no soy un estusiasta, y sin embargo creo que hay que revalorizar, aun estando menos lograda que las óperas citadas, a Fanciulla. Turandot, venturosamente, no necesita reivindicación alguna. De Rossini una única ópera, pero que sin duda se encuentra entre mis cuatro preferidas junto a Parsifal, Falstaff y Tosca. Me refiero al Barbero, por descontado. Es imposible justar tanta inspiración en semejante número de notas: hasta el aria di sorbetto es una joya. Música maravillosa de principio a fin. No se puede disfrutar más con ninguna otra ópera: un torbellino de entusiasmo, de jovialidad, de ganas de vivir, de picardía, de emoción... Otra cosa es que interpretarla como se merece resulte harto difícil para batuta, cantantes y director de escena. De Richard Strauss adoro Salomé, Elektra y Rosenkavalier. Las otras, no tanto. Y Mozart, claro. Tengo que escoger dentro de la trilogía Da Ponte, pero no es fácil. Quizá me quede con Così, aunque es en Nozze donde está lo que considero la más bella música jamás compuesta para la voz humana: las dos arias de la Condesa. La ópera barroca no es, con excepciones como Dido y Eneas, santo de mi devoción. Belcanto y verismo, con la excepción del citado Barbero, me interesan únicamente cuando hay grandes cantantes de por medio. De la ópera francesa solo me entusiasma Carmen. El verismo lo escucho poco. Janácek me fascina, sobre todo La zorrita astuta. Me gusta mucho El ángel de fuego, de Prokofiev. Reverencio Wozzeck y Lulu, sobre todo esta última. Las óperas del siglo XX en general me gustan bastante; la última que me impactó fue La pasajera, de Weinberg.




Pablo, la música en Siana

20 de marzo

Buenos imprevistos

Domingo 19 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano "Luis G. Iberni". Lucas Debargue (piano), Gidon Kremer (director artístico y violín), Kremerata Baltica. Obras de Mozart, Schubert y Weinberg. La esperada Martha Argerich, de las pocas grandes del piano que quedaban por visitar las Jornadas de Oviedo que llevan el nombre de nuestro añorado Luis G. Iberni, cancelaba por problemas de salud en esta gira de la Kremerata Baltica, siendo sustituida por el pianista francés Lucas Debargue (23 octubre 1990) con algunas entradas devueltas porque para muchos resultaba pasar de lo mítico a lo futurible, si bien se perdieron una velada donde el piano resultó protagonista incluso cuando no estaba. Los bálticos de Gidon volvían por tercera vez al auditorio donde siempre han dejado buen sabor de boca. Mozart por "la Argerich" es bocatto di cardenale para muchos paladares, pero también debemos saborear otros cocineros para un manjar de plato. Esta vez el Concierto para piano nº 8 "Lützow", en do mayor, K. 246 venía condimentado por una de las mejores orquestas de cámara del momento, la fundada por el violinista Gidon Kremer como inacabable cantera joven de instrumentistas bálticos pero esta vez dirigidos desde el propio piano por Debargue añadiendo ese plus o grado de dificultad aunque la Kremerata Baltica casi funciona sola desde el concertino (con Madara Petērsone en la primera parte y en la segunda Džeraldas Bidva), aunque el francés domina Mozart desde su arranque como figura emergente, tanto sus compañeros, dejándonos entre todos este "Lützow" impecable, con una cuerda camerística más trompas y oboes a pares para aportar la frescura que aún tiene este octavo que no obstante perfila el nuevo lenguaje que tomaría el concierto para solista. Sonoridades perfectas para todos, fraseos claros del francés con un pedal por momentos algo sucio pero sin empañar en ningún momento el resultado del conjunto. Si el Allegro aperto fue marcado desde el piano, el Andante dejó fluir la música para la "camerata" hablando el mismo idioma y mejor aún el Rondeau, Tempo di Menuetto que cerraba la estructura clásica así como la ejecución de un Mozart que Argerich seguramente hubiese elevado a los altares. Y para continuar Schubert y su Fantasía para violín y piano en do mayor, D. 934 con Kremer de solista pero ¡en un arreglo para violín y orquesta! de Victor Kissine (1953), una lástima porque teníamos piano y pianista además del propio Gidon que ejerció de invitado manteniendo magisterio como solista y docente, con sus músicos sonando realmente camerísticos, un quinteto de veintitrés músicos arropando al Maestro y haciendo gala de todas las técnicas de la cuerda frotada, con unos pianissimi imperceptibles y donde los trémolos sonaron increiblemente precisos y empastados. El arreglo como tal no aportó nada a esta hermosa fantasía salvo poder escuchar ese Amati de 1641 aterciopelado y mágico en los dedos y arco del letón, lección magistral para tantos músicos esta tarde entre el público, con la cuerda capaz de rememorar y "variar" el sonido original del piano. Aunque lo mejor volvería a ser su admirado Piazzolla, de nuevo la propina del Oblivion en una versión que por ella sola mereció el concierto, entendiendo al argentino como pocos en un arreglo donde la camerata es seda vistiendo el sueño musical contado por Kremer. Al compositor Mieczyslaw Weinberg (Varsovia, 1919 - Moscú, 1996) del que Shostakovich, profesor, protector y amigo suyo, afirmó era uno de los mejores compositores de su época, Gidon Kremer y sus chicos le han dedicado un disco que nos permite disfrutar de un "desconocido" por estos lares, pues el violinista letón siempre ha creído en los nuevos repertorios apostando por programas poco transitados, y en directo es siempre irrepetibe. Esta vez sí había piano para el Quinteto para piano op. 18 pero en versión con orquesta de cuerda y percusión del propio Kremer más el solista de la Kremerata Andrei Pushkarev, arreglo que sí enriqueció el original de por sí completo. Poder conseguir que veinte músicos suenen como cinco es algo admirable que conlleva trabajo a raudales y con esta juventud báltica todo es posible. Las pinceladas de los timbales, caja o temple-blocks engrandecen cada uno de los cinco movimientos, con reminiscencias de Prokofiev, Gershwin y hasta Brahms tamizadas por un lenguaje actual que tanto la cuerda como el piano se encargaron de elevar a lo casi sinfónico en una delicia interpretativa donde el francés casi ejerce de solista con sonoridades impactantes perfectamente ensambladas con ese quinteto multiplicado: dos contrabajos, cuatro cellos, cuatro violas, y trece violines (7+6) capaces de dinámicas impresionantes y esta vez Lucas Debargue mandando... o tal vez los bálticos disciplinados dejándose llevar. Un acierto de versión la del polaco-ruso antes de dos propinas con Debargue solo al piano: verdadero sabor romántico ruso con Tchaikovsky y el Valse sentimentale, Op. 51 nº 6, y un ragtime de jazz que tanto le gusta al francés, pues esta generación ha crecido con la música sin etiquetas, haciendo "clásico" todo lo que sea anterior a su nacimiento. Esta vez no hubo notas al programa, supongo que los recortes llegan al papel y también a los colaboradores...

Pablo, la música en Siana

18 de marzo

Páginas grandiosas

©OSPAViernes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: "El mundo de ayer II", Abono 8 OSPA, Maximilian von Pfeil (chelo), Pablo González (director). Obras de Richard Strauss y Mahler. Ser testigo de la evolución de un artista o una formación es un privilegio solo da la edad. La OSPA lleva 26 años aunque procede de la anterior Orquesta Sinfónica de Asturias, y puedo presumir de haber crecido casi con ambas. Al ovetense Pablo González Bernardo (1975) le sigo desde su infancia como estudiante de flauta y su salto al podio en este músico integral que se ha hecho un nombre propio en el siempre difícil mundo de la dirección orquestal, habiendo sido testigo incluso de la feliz titularidad en la ciudad condal. El reencuentro siempre es fructífero (jueves en Gijón y viernes Oviedo), más cuando director y orquesta están en un momento adulto, de madurez personal y profesional que propicia tanto ópera como conciertos grandiosos en cuanto a las obras elegidas y su interpretación, en el amplio sentido de la palabra. No es políticamente correcto hablar del Arte de Cúchares en estos tiempos que corren, pero el octavo de abono (orquestal, claro) resultó como encerrarse con tres miuras en solitario dada su leyenda de dificultad, peligro, bravura pero también sabedores que un triunfo supone "salir por la puerta grande" y entrar en la historia. Pablo Gonzaléz y la OSPA (ver la entrevista en el canal OSPA TV) se enfrentaron con dos grandes sinfonistas como Richard Strauss y Gustav Mahler que están presentes en su propia vida y siempre reaparecen con el enfoque que el momento de su interpretación supone, distinto y enriquecedor a partes iguales. Los llamados poemas sinfónicos de R. Strauss son páginas capaces de examinar a cualquier orquesta y director que la lleven a cabo por su magnitud, cimas de la orquestación por las plantillas exigidas y la densidad que encierran Don Quijote, op. 35 es mucho más que fuente de inspiración en la mejor obra de la literatura universal y escrita por el español Miguel de Cervantes. Tener de solistas dos atriles de la propia orquesta asturiana (también entrevistados en OSPA TV) como Maximilian von Pfeil en el rol de Alonso de Quijano y el viola Vicente Alamá como Sancho demuestran la calidad de los músicos que conforman esta OSPA del siglo XXI, el equilibrio de dos personajes protagonistas necesarios para comprender la obra (tanto literaria como musical). El desarrollo está perfectamente explicado en las notas al programa (que dejo enlazadas al principio en los compositores) de Gloria Araceli Rodríguez quien previamente dio una conferencia sobre "Los poemas sinfónicos de Richard Strauss: de la descripción sonora a la expresividad musical". La interpretación dirigida por González fue un verdadero relato sonoro lleno de sutilezas en cada variación, ambientes descritos en la partitura que trascienden la genialidad cervantina desde nuestra propia imaginación, escenas donde los primeros atriles volvieron a brillar como sus dos compañeros hoy solistas, escuchándose, contestándose, disfrutando de esta obra de madura juventud totalmente interiorizada por todos. Un placer disfrutar de las dinámicas amplias, explosivas en el momento justo, íntimas saliendo de la locura y valorando una sonoridad plena que explica a la perfección un concepto algo etéreo como la textura orquestal, que en manos del ovetense con la orquesta asturiana resultaron claros y luminosos en este "Quijote de Strauss". La propina de von Pfeil (un número de la Música para niños, op. 65 de Prokofiev en arreglo de Piatigorsky) volvió a corroborar el virtuosismo de este chelista alemán sacando del instrumento sonidos más allá de la propia melodía en una bella página solista que cautivó a un público tristemente no muy numeroso en el auditorio. Pero quedaba una segunda parte aún más potente si cabe, primero el Mahler de la Sinfonía nº10 en fa sostenido mayor, "Incompleta" (1910) en su único primer movimiento acabado, "Andante-Adagio" como "conclusión" de unos días donde el bohemio ha ocupado buena parte de mis conciertos. No entraré en las posteriores versiones que intentaron completar una sinfonía sobre la que de nuevo planeó la "maldición". Quienes me leen saben que llevo años pidiendo una octava asturiana "de Los Mil" precisamente con Pablo en la dirección porque no solo es un mahleriano convencido sino por su capacidad para afrontar obras de esta envergadura. La versión con la OSPA demuestra que Mahler es como un amuleto para el director carbayón y la orquesta lo entiende a la perfección. Comenzando más lento de lo esperado, como en mis referencias guardadas, con unas violas compactas, arrancaba esta estremecedora página que veríamos crecer desde el buen gusto y la empatía necesarias, el terciopelo de una cuerda que sigue enamorando, unos metales (esencialmente las trompas) asentados desde la seguridad con unas sordinas nunca empañadas sino buscando la tímbrica deseada, y un Pablo González dirigiendo desde la confianza, capaz de dejar fluir la música en las manos de estos músicos para quienes el reto es seguir manteniendo ese nivel de calidad más que demostrada, crescendi vibrantes y brillantes de emoción contenida, paladeando las secciones como pocas veces en Mahler, esa densidad sonora acunando una muerte no por esperada indeseada llegando a ese final cortando la respiración. Una versión (con)sentida por estos intérpretes haciendo de vehículos ideales para una partitura con mucha historia... ¡Bravo!. Y del poema sinfónico Muerte y transfiguración, op. 24 (R. Strauss) que en Oviedo ya hemos escuchado, también a la OSPA afrontándola en varias ocasiones, la interpretación con Pablo González es para guardar (grabada para Radio Clásica y esperando su emisión), rubricando otro Strauss de referencia en casa. Dominio absoluto de la partitura para lograr esa riqueza sonora conseguida con un empaste por parte de los músicos que permitió escuchar cada detalle, la fusión de cada sección con la otra en los fraseos sin cesuras, el gran instrumento orquestal que Strauss llevó a la cumbre y no me canso de escuchar, los cambios de registro en la cuerda como una sola, la conjunción de registros graves en tuba, contrabajos y contrafagot, el feliz encuentro de madera y cuerda, así cada uno de los cuatro movimientos que pasan de la oscuridad a la luz con el poder creador de la muerte, al igual que en Mahler, cuatro etapas de la vida que es muerte desde el primer momento pero siempre arrebatadoras. Las dinámicas amplias sin opulencias, con unos pianissimi increíbles y los tutti nunca ensordecedores, destacando especialmente el balance perfecto desde un sonido redondo, con una cuerda ya "engrasada" en el adagio mahleriano capaz de sonar tensamente aterciopelada y presente (intervención sentida de Vasiliev) de contrabajos poderosos, con una percusión sinónimo de seguridad, más unos metales que nuevamente estuvieron como diría un andaluz "sembraos" fueron engrandenciendo esta página sublime. Parece increíble mantener tanto tiempo (el que está escrito) esa nota en la trompeta sin perder calidad ni calidez, sujetar los matices como hace Pablo González, jugar con los tempi ajustados siempre a la partitura, y plantear una "transfiguración" en una orquesta que funciona siempre desde el trabajo y claridad en la dirección. Bilbao ha dado confianza a nuestros músicos y tener esta temporada a Pablo como "director colaborador" pienso que seguirá haciendo grande a esta orquesta de todos los asturianos.



Ópera Perú

15 de marzo

Rusia Romántica en ambicioso festival bogotano

TMJSDBogotá verá este 2017 la III Edición del Festival Internacional de Música Clásica, titulada "Rusia Romántica" que se realizará del 12 al 15 de abril. Serán 54 espectáculos en el lapso de 3 días, 50 conciertos y 1 ballet que se presentarán en 10 localidades de la capital colombiana. Se presentarán 8 orquestas nacionales e internacionales, 7 directores de orquesta, 3 coros nacionales, 4 cuartetos, 3 tríos y 19 solistas de todo el mundo. Ellos interpretarán las obras de 19 compositores románticos rusos, como Tchaikovsky, Borodin, Rachmaninov, Glinka, Shostakovich, Liadov, Rimsky-Korsakov, Medtner, Scriabin, Rubinstein, Prokofiev, Arensky, Glière, Krylov, Buzlov, Tchetuev, Taneyev, Glazunov e Ivanov.Entre los mas importantes elencos y solistas veremos a la Orquesta Nacional de Rusia, dirigida por Mikhail Pletnev, La Staatskappelle Halle dirigida por Josep Caballé, la Orquesta de Cámara de Lucerna, dirigida por James Gaffigan, al Cuarteto Borodin, Cuarteto David Oistrakh, al Trio Tchaikovsky, Trío Wanderer, al Malandain Ballet de Biarritz, a Julian Rachlin, Daniel Müller-Schott, Kirill Gerstein, Alissa Margulis, Igor Tchetuev, Mikhail Voskresensky, y muchos otros.Este es un gran evento producido por el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo​ con el apoyo estatal, y las entradas se pueden conseguir desde 10,000 pesos (12 soles). La mayoría de los conciertos, sin embargo son gratuitos.Conozca mas detalles de este gran evento en el siguiente enlace. Si puede viajar en Semana Santa a Bogotá, podrá disfrutar de estos eventos mayúsculos en una capital en la que si se respira cultura.http://www.festivalmusicaclasicadebogota.org/(Prensa Teatro Mayor) El Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá se dedica este año, en su tercera edición, a la Rusia Romántica, periodo en el que se destacan nombres como Piotr Ilich Tchaikovsky, el compositor del Lago de los Cisnes, Alexander Borodin y Sergei Rachmaninov.TchaikovskyTchaikovsky (1840-1893) renunció a la abogacía para dedicarse de lleno a la música. En 1861, cuando contaba con solo veintiún años, se dio en Moscú un concierto completo con obras de su autoría. Aunque El Lago de los Cisnes y El Cascanueces son sus obras de más renombre, entre su repertorio se destacan cuartetos de cuerdas y ballets, además de seis sinfonías.Pudo desarrollar buena parte de su obra gracias al apoyo que recibió de Nedezhda von Meck, una misteriosa mecenas quien solo se comunicó con él a través de cartas.Los espectadores del Tercer Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá podrán disfrutar de fragmentos de sus composiciones en La Bella y la Bestia, ballet presentado por el Malandain Ballet Biarritz, bajo la dirección del español Josep Caballé Domenech, que conducirá a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.Varias composiciones suyas serán escuchadas a lo largo del Festival. La Orquesta Nacional Rusa, con la dirección de Conrad van Alphen y el piano de Mikhail Voskresensky presentarán Romeo y Julieta.BorodinLa química y la medicina distrajeron a Alexander Borodin (1833-1887) de su vocación musical. Sin embargo esto no fue impedimento para que se constituyera en uno de los grandes compositores de su generación.Fue un feminista precoz si se tiene en cuenta que en su tiempo la instrucción para las mujeres era considerada innecesaria e incluso peligrosa. Contraviniendo las costumbres, Borodin organizó cursos de instrucción médica para mujeres.Una de sus obras más sobresalientes es la ópera El príncipe Igor. Aunque trabajó en ella durante años, Borodin no pudo terminarla. Glazunov y Rimsky-Korsakov fueron los encargados de llevarla a feliz término.El primer concierto de Bogotá es la Rusia Romántica incluye las Danzas Polovtsianas, bajo la dirección de Patrick Fournillier y con Alexander Gavrylyuk al piano como solista. Esta pieza es considerada como una de las obras más representativas de la música rusa del siglo XIX.La obertura de El príncipe Igor será interpretada por una de las Orquestas Juveniles de la Filarmónica de Bogotá bajo la dirección de Conrad van Alphen, con Igor Tchetuev como solista de piano.RachmaninovSergei Rachmaninov (1873-1943) fue un músico precoz. Con solo cuatro años empezó sus clases de piano y a los diez años ya era alumno del Conservatorio de San Petersburgo. Aunque se graduó con honores, compuso obras que obtuvieron gran reconocimiento y siempre fue alabado por sus interpretaciones como pianista, su Primera sinfonía, estrenada en 1897, fue un rotundo fracaso.Recuperarse anímicamente le llevó varios años. Pensó en dejar la composición y dedicarse exclusivamente a la dirección o a la interpretación del piano. Pero su Segundo concierto para piano tuvo éxito entre la crítica y Rachmaninov volvió a confiar en sí mismo, lo que lo catapultó como uno de los músicos más importantes del siglo XX.Después de la Revolución Bolchevique sacó a su familia de Rusia y luego él mismo abandonó el país. Cosechó parte de su fama en Estados Unidos, donde murió.Un amplio repertorio de Rachmaninov será interpretado al piano por Alexander Gavrylyuk en el décimo concierto del Festival. Su Sinfonía n° 1 estará a cargo de la Orquesta Sinfónica de Lucerna con la dirección de James Gaffigan y el violín de Julian Rachlin.La Staatskapelle Halle presentará su célebre Concierto para piano n° 2, con la dirección de Conrad van Alphen y Simon Trpceski interpretando el piano.Obras de estos tres maestros de la música romántica rusa se escucharán en el concierto inaugural del Festival, en el que además de la participación de Fournillier y Gavrylyuk intervendrán la Sociedad Coral Santa Cecilia y el Coro Filarmónico Juvenil con la dirección de las colombianas Bárbara de Martiis y Diana Carolina Cifuentes.El Tercer Festival Internacional de Música Clásica Bogotá es la Rusia Romántica tendrá ocho orquestas, tres internacionales y cinco nacionales, que interpretarán obras del repertorio de Rimsky, Glinka, Rachmáninov y Taneyev, entre otros.Entre las internacionales destaca por su antigüedad La Orquesta Sinfónica de Lucerna, fundada en 1806. Dentro de su repertorio se incluyen rarezas que buscan ampliar el horizonte de su público. En el Festival ofrecerá tres conciertos con obras de Liadov y Tchaikovsky, entre otros, y el acompañamiento de los solistas Julian Rachlin (violín), Kirill Gerstein (piano) y Alexander Buzlov (chelo).La Staatskapelle Halle es la segunda orquesta en tamaño de Alemania, tiene 152 miembros. Ha estado bajo la batuta de Richard Strauss y Arthur Nikisch y entre los solistas destacan Daniel Barenboim y Elena Bashkirova. En el Festival ofrecerá tres conciertos, dos con la dirección del español Josep Caballé Domenech y uno bajo la directriz de Conrad van Alphen. Los solistas designados son Alissa Margulis (violín), Simon Trpceski (piano) y Daniel Müller-Schott (chelo).En 2004 la Orquesta Nacional Rusa fue la primera agrupación de su género en recibir un Grammy en nombre de su país. Fundada en 1990, recibió dicho reconocimiento por su grabación de las obras Pedro y el Lobo de Prokofiev y Huellas de Lobo del francés Jean-Pascal Beintus, dirigida por Kent Nagano y narrada, en español, por Antonio Banderas. En Colombia ofrecerá tres conciertos bajo la dirección de los maestros Conrad van Alphen y el piano de Mikhail Voskresensky, y dos a cargo de Mikhail Pletnev con Alexei Volodin (piano) y Sergei Krylov (violín).Las cinco orquestas nacionales son la Filarmónica de Bogotá, su conjunto de orquestas juveniles, la Academia Filarmónica de Medellín, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y la orquesta ganadora del concurso para jóvenes orquestas de cámara (bases de la convocatoria en http://bit.ly/2kx9h4N).La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, conformada en 1952 y refundada en 2003, tiene a cargo la ejecución musical del ballet La Bella y la Bestia, con la dirección de Caballé Domenech, en un montaje del Malandain Ballet Biarritz.En 2017 la Orquesta Filarmónica de Bogotá cumple 50 años. Es una de las pocas orquestas latinoamericanas que ha hecho en su totalidad ciclos de Mahler, Bruckner, Bartok y Shostakovich. En el Festival ejecutará, bajo la dirección del francés Patrick Fournillier, trabajos de Rachmáninov, Borodin y Tchaikovsky, con la participación de los solistas Alexander Gavrylyuk (piano) y Andrey Baranov (violín).La Orquesta Filarmónica Joven de Colombia, que agrupa miembros entre los 16 y los 24 años para ayudarlos en su interés de desarrollar una carrera profesional en el medio sinfónico, brindará conciertos a partir de obras de Mussorgsky y Rachmáninov bajo la dirección de Conrad van Alphen y Julian Rachlin.Otra orquesta que forma jóvenes talentos es la Academia Filarmónica de Medellín, fundada por la Filarmónica de esta ciudad. Es un programa gratuito para jóvenes con restricciones económicas que tengan un destacado talento musical. En Bogotá es la Rusia Romántica ofrecerán dos conciertos, uno con el Coro de la Ópera de Colombia y otro con Sergei Sichkov en el piano.

Ya nos queda un día menos

6 de marzo

Conciertos para la mano izquierda con Fleisher y Ozawa

Tal vez sepan ustedes que Leon Fleisher (San Francisco, 1928) estuvo sin movilidad en la mano derecha durante treinta años, entre 1964 y 1994. Durante ese tiempo se dedicó al repertorio para la mano izquierda, incluyendo tres piezas escritas para el mítico Paul Wittgestein: el Concierto para la mano izquierda de Ravel, Diversions de Britten y el Concierto para piano nº 4 de Prokofiev. Junto a la Sinfónica de Boston y su entonces amigo Seiji Ozawa –los dos terminarían bastante mal por cuestiones referentes a Tanglewood–, Fleisher grabó las dos primeras piezas en 1990 y la tercera al año siguiente; en ninguno de las tres oportunidades los ingenieros de Sony Classical dieron lo mejor de sí mismos, y en el caso del compositor ruso resultaron incluso desacertados por la lejanía con que suena la orquesta.   Como era de esperar tratándose de Ozawa quien está en el podio, la obra de Ravel recibe una recreación fascinante en lo puramente sonoro –no tanto en lo expresivo– en la que, en perfecta sintonía con un Leon Fleisher sensible y matizado, el maestro oriental hace gala de sus signos de identidad ideales para el repertorio impresionista: fraseo curvilíneo y sensual, refinamiento extremo, enorme atención a los timbres y a las texturas y desarrollado sentido de la atmósfera. En este sentido, el arranque despliega auténtica magia y a partir de ahí impera un lirismo onírico verdaderamente cautivador. Ahora bien, puede uno plantearse si es exclusivamente eso lo que pide una página tan negra como esta, por lo que aun encontrándonos ante una gran interpretación, me sigo quedando con Gavrilov/Rattle (EMI, 1977) y Zimerman/Boulez (DG, 1996). Sensacional la recreación de ese conjunto de tema con variaciones, rico en texturas y situaciones anímicas, que es Diversions. Si en la interpretación de Donohoe y Rattle grabada el mismo año para EMI la obra parece un tanto naif y superficial, en esta los dos artistas, de toque sensible Fleisher y tan refinado como siempre Ozawa, se realiza un verdadero descubrimiento al profundizar en el lirismo emotivo y por momentos teñido de amargor que desprende la partitura. Por descontado, los dos artistas frasean con la distinguida elegancia que demanda la música de Britten. Podrán preferirse enfoques de mayor incisividad y de un humor más gamberro –el de esta lectura es más bien suave, incluso amable–, pero esta interpretación da la talla de la profundidad humanística que albergan las notas Queda Prokofiev. Ozawa ofrece la interpretación en él esperable, mucho antes lírica que dramática, pero precisamente por esto le falta algo de fuelle y de garra, mientras que el segundo movimiento no resulta del todo intenso por apostar por una visión excesivamente espiritual y ensoñada, frágil incluso. Leon Fleisher sintoniza con esta manera de hacer las cosas y ofrece un toque de apreciable lirismo y sensibilidad. No seré yo quien niegue precisamente la faceta más poética de Prokofiev, pero lo cierto es que a la postre esta visión resulta más unilateral de la cuenta. Mi favorita sigue siendo la de Postnikova con su marido Rozhdestvensky (Melodiya, 1987).

Música Clásica y ópera de Classissima



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Grandes compositores de música clásica

Romeo Y Julieta Pedro Y El Lobo Cinderella El Amor De Las Tres Naranjas Concierto Para Violon Cenicienta

Desde enero del 2009 Classissima ha facilitado el acceso a la música clásica y ha expandido su público.
Classissima ayuda tanto a aficionados como a expertos de la música clásica en su experiencia con la internet.


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